domingo 19 mayo, 2024
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Conexion salvo mi vida.

“Conexión salvó mi vida”
Quienes me conocen un poco más, saben que amo buscar los significados de cada palabra y estudiarlas. No de todo, sino de las cosas que considero importantes porque percibo que Papá Dios me está hablando a través de ellas. Un color, un objeto… no importa qué, solo importa ese «detalle» que sé que es la punta del ovillo para invitarme a ir más profundo en una conversación y común unión con Él. Aclarado esto, ¡acá vamos!
Según Google, uno de los significados de la palabra CONEXIÓN es: «Unión que se establece entre dos o más cosas o personas para que entre ellas haya una relación o una comunicación». Así también, podemos encontrar sinónimos de dicha palabra como: enlace, unión, trabazón (unión o relación estrecha entre personas), engarce, vínculo, ensamble, nexo, enganche, empalme, entre otras. Tranquilos, ya vamos a llegar al punto .
Si releemos el título de este texto, podrán entender por qué es tan importante para mí esta palabra… ya que ello salvó mi vida, no solo metafórica, sino literalmente.
En Colosenses 2: 19, dice: «Ustedes están directamente conectados a Cristo, quien como el director de un coro extrae la música en cada uno como un tapiz de arte que se teje en armonía para revelar la plena estatura de la inspiración divina (la cual es Cristo en nosotros)». El Espejo. «Pero recibimos directamente de él, y su vida suministra vitalidad a cada parte de su cuerpo a través de los ligamentos que nos unen a todos como uno solo. Él es la Cabeza divina que guía su cuerpo y lo hace crecer por el poder sobrenatural de Dios». (TPT).
«El hecho de que nosotros estamos todos profundamente conectados a la misma fuente de nuestro «ser» provoca que estemos constantemente entablando una conversación entre nosotros». (1.ª Tesalonicenses 4: 18, El Espejo)
En tiempos de «crisis» o adversidades, nuestra conexión y común unión con Cristo y con nuestra familia en la fe es crucial. Nuestro Padre celestial nos fusionó estratégicamente en una unidad perfecta como un solo cuerpo para dar fruto naturalmente desde nuestra verdadera esencia e identidad. Al permanecer cada uno de nosotros unidos a Cristo en pensamiento, actitudes y emociones, «sus» palabras encontrarán una voz en nosotros que nos llevarán a tener una «evidencia» de lo que hemos creído.
«Conexión salvó mi vida», y lo hizo de muchas maneras y muchas formas. Cuando tu Papá, tu Dios, tu Señor, te muestra de maneras tan evidentes en qué lugar dentro del cuerpo de Cristo te quiere colocar, se hace imposible o, al menos, muy difícil, desligarse del lugar señalado. Como en el cuerpo humano, cada órgano, tejido, célula, cada parte de nuestro cuerpo está inserto en un lugar estratégico y cumple una función única y vital para el buen funcionamiento del mismo; así también nosotros fuimos colocados en lugares específicos dentro de la familia de Cristo, donde la cabeza esencial de ese cuerpo y familia es Jesucristo mismo.
Papá Dios es tan sabio, que no nos creó para que anduviésemos solos, sino para estar en común unión con Él, y en común unión los unos con los otros. ¿Por qué? Porque sabía que solos no podríamos. Simplemente porque «solos» no es su diseño ni su lenguaje. De hecho, el mundo fue creado en equipo, ¿verdad? (Génesis 1:1-2). Las relaciones dentro de una familia espiritual son cruciales para poder desarrollar nuestros dones y talentos, así como para poder dar, recibir, fortalecernos, tirar de las riquezas de cada uno, madurar y crecer como hijos de Dios. El poder complementarnos al ser tan diferentes, es maravilloso.
Otra cosa muy importante que debemos entender es que cada parte dentro del cuerpo cumple una función diferente al otro, única, por lo que no podemos pretender que una sola parte del cuerpo supla todas las necesidades que «pensamos o creemos» que deberían «suplirnos».
Mencioné más arriba, que, en tiempos de adversidad, la conexión es clave. Les comparto mi vivencia. A lo largo de estos 22 años, siendo parte de esta familia espiritual y visión que soy, he atravesado muchísimas y diversas situaciones, buenas y no tan buenas, que no viene al caso mencionar. Sí puedo resumir, que la permanencia y el arraigar nuestras raíces en una relación personal y profunda con nuestro Padre, con nuestro Hermano Mayor y con el Espíritu Santo hacen que uno madure, se fortalezca en Él y siga avanzando en el lugar y propósito donde Dios Padre lo plantó. Para ello, la conexión espiritual con mis dones y apóstoles fue fundamental, ya que, a través de ellos, sus imparticiones y enseñanzas, uno tiene dirección, respuesta y confirmaciones.
Hoy vamos hacia un entendimiento mayor de que somos uno con Cristo. De que Él nos define. Somos una unidad divina con Él, pero también debemos procurar ser uno entre nosotros. En Efesios 4:3, dice: «Sean vigilantes en guardar vuestra unidad del espíritu. Somos prisioneros de paz. Confirmamos el hecho de que hay solamente un cuerpo; y también que hay un solo Espíritu». V.4, dice: «Estamos identificados con una sola expectativa (esperanza); no hay un plan B. Llevamos el mismo apellido». (El Espejo).
Hace unos meses atrás, me tocó enfrentar una situación de salud muy difícil; si bien, me consideraba una hija de Dios fuerte, en ese momento «sentí» que mis fuerzas no alcanzaban. No lograba pararme y posicionarme en la hija que sé que soy en Él. Muchos amigos y dones dentro de mi familia espiritual me decían: «Vos sos una guerrera». «Sos fuerte», pero yo no me sentía fuerte, y mucho menos una guerrera. A veces los síntomas, los diagnósticos, las voces extrañas y naturales pueden convertirse en un temor tan grande, que todo lo que creías que estaba firme, empieza a tambalearse.
Decidí entonces «prenderme como garrapata» a mi dones y padres espirituales; también a mi familia natural (incondicionales) y a líderes (amigos y hermanos) fuertes en la fe que me aman, y mostrarme completamente vulnerable ante ellos. Cada uno suplió e impartió en mí algo diferente, ya sea algo natural, emocional o espiritual. Ellos tampoco hubiesen podido solos, porque no hubiesen podido alcanzar “mis expectativas”. Pero juntos, haciendo cada uno su parte, fueron el complemento perfecto para mí, sin dejar nada al descubierto. Papá los usó a ellos para decirme: «No estás sola». Tuve que tomar una determinación. Firme. Sin vuelta atrás. Su amor, empatía, pero sobre todo su fe aguerrida me sostuvo. Ellos me fortalecieron, me levantaron, me exhortaron, y me empujaron a despertar a mi diseño original. A la hija empoderada que soy.
A la mitad de esta adversidad, conectados y alineados mis pensamientos y emociones en esa unidad con mi Padre Dios, y conectada a mi familia espiritual, experimenté, a otro nivel, cómo «el perfecto amor echa fuera todo temor». Busqué al «hombre fuerte» que venía a oprimirme, mentirme y robarme… y no lo encontré. Todo mi ser se llenó de una paz sobrenatural, y supe en ese momento, que había vencido al temor. De repente mis ojos se abrieron, y dije algo que siempre «decía», pero esta vez salió de lo profundo de mi ser en completa convicción, certeza y confianza en el amor de Cristo por mí: «YO SOY SANA». Y así fue. Y así ES.
Por supuesto que quedan muchísimos detalles importantes fuera de escena, pero si algo quiero impartirles es esto, es: No estamos solos. No fuimos colocados dentro de un cuerpo para aislarnos y ser indiferentes a lo que mi hermano/a necesita. Si bien, sabemos que «todo lo que pertenece a la vida y a la piedad nos ha sido dado…”», de lo que «sabemos», hasta que se evidencie lo que creímos, ahí debemos estar para el otro. Mi conexión espiritual fuerte y genuina con mis dones y mi familia natural y espiritual, sé y sé y sé que salvó mi vida. Asegurarse de que ningún pensamiento, emoción o mentira separe luz de luz también es clave. Mostrarnos vulnerables, sabiendo que no vamos a quedarnos en el mismo estado, sino que vamos a determinar levantarnos como los hijos de Dios empoderados que somos, captando a otro nivel que Cristo es quien nos define.
El amor de Jesús me salvó. Captar a otro nivel cómo Él me amó, me llevó a otra dimensión de confianza y libertad para ser y hacer todo lo que debía natural y espiritualmente. El oír atentamente es parte de honrar su amor por nosotros. Oír atentamente las enseñanzas, oraciones, consejos, instrucciones de mis padres espirituales y otros dones dentro de la familia, es parte de honrar el lugar de privilegio donde Él me colocó. Esa conexión sin cuestionar, con un corazón manso y humilde, me levantó a ser quien fui llamada a ser y poder decirle a esa situación temporal: NO. A mí me define Cristo. Consumado es.

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