Capítulo 1 COMO SER SANADO

Para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras ENFERMEDADES, y llevó nuestras DOLENCIAS. ‘ – Mateo 8:17 Ciertamente llevó El nuestras ENFÉRMEDADES y sufrió nuestros DOLORES Isaías 53:4

Quien llevó El mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia: y por cuya herida FUISTEIS sanados. – 1 Pedro 2:24 Tengo dos propósitos con esta lección: (1) El establecer el hecho bíblico de que la sanidad divina nos pertenece, y ayudar a aquellos que necesitan sanidad a ser sanados. (2) El ayudar a aquellos que han sido sanados a retener su sanidad, ya que una cosa es recibir algo de Dios y otra cosa es retenerlo. En nuestro primer texto, Mateo dice que está citando a Isaías al decir: “Él mismo tomó nuestras ENFERMEDADES y llevó nuestras DOLENCIAS.” Nuestro segundo texto dice: “Ciertamente llevó Él nuestras ENFERMEDADES y sufrió nuestros DOLORES. ” Después de leer en la Biblia que El mismo tomó mis enfermedades y llevó mis dolencias, me di cuenta que no había necesidad de que los dos, Él y yo, las lleváramos. ¡Desde aquel entonces he estado libre! Gracias a Dios que 3 Jesús tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias. Cierto predicador dijo: “Bueno, es cierto que Ello hizo, pero eso no se refiere a sanidad en esta vida. Esa bendición la gozaremos en el Milenio.” Cuando oí tal cosa me dije a mi mismo, O él está equivocado, o Dios está equivocado, o Jesús está equivocado. ¿Por qué? Porque durante el Milenio no necesitaremos de la sanidad. ¡Tendremos un cuerpo nuevo y no podremos enfermarnos! No, nosotros necesitamos sanidad para el cuerpo, y la necesitamos ahora – en esta vida. En este mundo es donde está la enfermedad y las dolencias. Gloria a Dios, la sanidad es para nosotros en esta vida. En nuestro tercer texto, Pedro está reviviendo el sacrificio de Cristo cuando dice: “Por cuya herida FUISTEIS (tiempo pasado) sanados. ” En cierta ocasión me encontraba leyendo algo escrito por cierto exponente bíblico quien al parecer era muy famoso (no puede haber estado leyendo la misma Biblia que yo tengo), quien dijo: “En Primera de Pedro 2:24, Pedro   no se está refiriendo a sanidad física sino a sanidad espiritual: ‘Por cuya herida fuisteis sanados espiritualmente.’ ” Si él hubiese leído la Biblia sabría que un pecador no es sanado espiritualmente. El espíritu humano del hombre y la mujer perdidos no es sanado – es renacido. La persona viene a ser una nueva criatura en Cristo Jesús. Las cosas viejas pasaron. Todas son hechas nuevas. De modo que Primera de Pedro 2:24 no se refiere a sanidad espiritual. Si nos detenemos a pensar un momento, amigos míos, nos daremos cuenta que la Biblia no menciona en ningún lugar tal cosa como la sanidad espiritual. El concepto de la sanidad espiritual vino a existir cuando algunos psicólogos fueron salvos y llenos del Espíritu y trataron de mezclar la psicología con la Palabra. Que eran nacidos de nuevo es cierto, como lo es que fueran llenos del Espíritu Santo; sin embargo estaban confundidos. Cuando el cuerpo es sanado, es sanado únicamente de aquella enfermedad. El cuerpo todavía es el mismo que tenía antes de padecer la enfermedad. Si el espíritu fuera sanado, uno aun tendría el mismo espíritu, con la diferencia de ser sano. Pero no, bendito sea Dios. En Segunda de Corintios 5:17 encontramos: “De modo que si alguno está en Cristo, NUEVA criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas NUEVAS. “No solamente la mitad son hechas nuevas – sino todas. Cada una de éllas. Tan sólo en un sentido de la palabra podría la sanidad divina ser llamada sanidad espiritual: Nuestro cuerpo es sanado por Dios y Él es Espíritu. De manera que la sanidad es producida por el Espíritu, es el Espíritu sanándonos, es decir, es una sanidad espiritual. (No nos estamos refiriendo a la sanidad del espíritu humano.) En otras palabras, la sanidad divina no es el ser sanado espiritualmente; pero es algo espiritual por el hecho de ser sanados por el poder de Dios. Al ministrar el poder sanador de Dios, cuando impongo las manos sobre las personas, el poder sanador de Dios entra en ellas y con frecuencia vuelve a salir. ¿Por qué? No lo aceptaron, no se agarraron de él; esto ocurre generalmente ya que tratan de recibirlo con sus mentes. La sanidad divina no es algo mental. Uno no puede hacer contacto con Dios con la mente. El no es una mente. El es Espíritu. Por lo tanto – la sanidad divina – la sanidad que es de Dios – no es mental, como la Christian Science (Ciencia Cristina), Unity (Unidad), y otros maestros metafísicos alegan. Ni tampoco es algo meramente físico, como el mundo médico enseña. Cuando Dios sana, El sana FISICAMENTE, pero a través del ESP IRITU HUMANO. La razón por la cual lo hace así es porque El sana a través de la FE, y la fe es del CORAZON (espíritu), dice la Biblia. Lo he visto una y otra vez: Cuando la gente deja de tratar de hacer contacto con Dios a través de sus MENTES, y empieza a CREER en sus CORAZONES, son sanados inmediata- mente. “Porque con el corazón se cree para justicia … ” (Romanos 10:10). Así que Dios hace contacto con nosotros a través de nuestro espíritu – no a través de nuestra mente, y no a través del cuerpo – porque El es Espíritu. No es una mente. No es un hombre. La Biblia dice que no lo es. Aunque El tiene un cuerpo espiritual en el mundo espíritual (los ángeles también tienen un cuerpo espiritual), Dios no es un ser FISICO. El es Espíritu. El hace contacto con nosotros a través de nuestro espíritu, y nosotros hacemos contacto con El a través de nuestro espíritu. Cuando el hombre sana (y el hombre puede sanar, se dé o no se dé cuenta de éllo), tiene que hacerlo a través de la menté, o de los sentidos físicos. Pero cuando Dios acude a la escena como Sanador, El sana a través del espíritu del hombre o de la mujer. Si quiere ver a Dios obrar, mire a Jesús. Si quiere oir a Dios hablar, escuche a Jesús. Jesús le dijo a Felipe: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ” (Juan 14:9). Entonces, Jesús es Dios. Me gusta decirlo de esta manera: Jesús en Su ministerio es la voluntad de Dios en acción. En el capítulo noveno del Evangelio de Marcos, por ejemplo, un hombre vino corriendo’ a Jesús, a contarle acerca de su hijo poseído por un demonio. Fíjese en lo que Jesús respondió: “Si puedes creer, al que cree todo le es posible” (versículo 23). Jesús comenzó de inmediato a hacer algo con respecto a la creencia del hombre, lo cual tenía que ver con su espíritu. Jesús le dio la vuelta a su petición diciendo: No es cuestión de lo que Yo puedo hacer; es cuestión de lo que tú puedes creer. “Si puedes creer, al que cree todo le es posible. ” El Salmo 107:20 dice: “Envió Su Palabra, y los sanó. ” La Palabra que fue enviada bajo el Antiguo Pacto fue hablada por los profetas, pero la Palabra que Él envió bajo el Nuevo Pacto es el Señor Jesucristo. Él es la Palabra de Dios, la Palabra viva. Él envió Su Palabra y nos sanó. Por lo tanto, ¡en la mente de Dios, ya estamos sanos! ¡Él ya ha enviado Su Palabra y nos ha •sanado! Y Él nos ha dado la Palabra escrita para que sepamos lo que la Palabra viva hizo por nosotros. Dios a menudo permitirá que alguien ejercite su fe a favor de aquellos que no saben o de aquellos que son bebés en las cosas espirituales. Dios bajará al nivel de fe de ellos. Pero de los cristianos maduros, Dios esperará que anden de acuerdo con la luz de lo que saben. Ya que la fe de todo el mundo no está en el 9 mismo nivel, Dios ha provisto siete métodos por los cuáles la sanidad física puede ser obtenida a través de la Palabra. (Para una explicación completa de estos siete métodos, vea mi libro “Siete cosas que Ud. debe saber acerca de la Sanidad Divina. “I U no de esos métodos es la imposición de manos. Cuando impongo las manos sobre la gente en obediencia a la Ley de Contacto y Transmisión, el contacto de mis manos transmite el poder sanador de Dios al cuerpo de las personas para deshacer aquello que Satanás ha forjado, y efectuar una sanidad y una cura en ellos. Cuando soy consciente de que el poder sanador les ha entrado, digo: “Ahí está.” Hasta allí puedo llevar a la gente. Allí se acaba mi responsabilidad y empieza la suya.

Capítulo 2 QUE HACER CUANDO LOS SINTOMAS VUELVEN

Algunos me han dicho, “Hermano Hagin, cuando Ud. me impuso las manos, sentí el poder de Dios que me atravesaba como si fuera elec- tricidad. Me pasó por todas partes. Me encon- tré perfectamente bien durante bastante tiem- po, pero ahora todo síntoma me ha vuelto, y estoy peor que antes. ¿Puede Vd. ayudarme?” “Gracias a Dios, sí puedo. Gracias a Dios, sí puedo”, les digo. “Verá, Vd. fue sanado por la fe de otra persona, o por una manifestación del Espíritu de Dios. Vd. no tenía níngún fun- damento de la Palabra de Dios para ayudarle a retener su sanidad. “Ud. era como el hombre que edificó su casa en la arena. La tormenta vino y le destruyó. Los síntomas volvieron – el diablo le hizo creer que estaba enfermo otra vez – Ud. lo aceptó, y él volvió a ponerle la enfermedad.” Le digo a la gente, “Lo que Vd. tiene que hacer es llegar a conocer al Señor a través de Su Palabra.” Como dijo Smith Wigglesworth: “No puedo entender a Dios a través de los sentidos. No puedo entender a Jesucristo a través de los sentidos. Entiendo a Dios a través de lo que la Palabra dice de Él. Él es todo lo que la Palabra dice que es. Conozca al Señor a través de Su Palabra. “Cuando Vd. sepa que por Sus heridas FUE sanado – cuando sepa que ciertamente El llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores – cuando sepa que “El mismo tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolen- cias” – cuando sepa eso en su espíritu tan bien como sabe en su cabeza que 2 y 2 son 4 – en- tonces el diablo no tendrá poder sobre Vd. Cuando conozca el poder y la autoridad del Nombre de Jesús, y que tiene derecho – un derecho bíblico, un derecho basado en las Escrituras – a “ese Nombre, entonces el diablo no tendrá poder sobre Vd. Y cuando los sín- tomas vengan, Vd. no se llenará de temor, sino que se reirá del diablo y dirá: “Satanás, ¿sabes que ya has sido derrotado? Ahora vete de mi cuerpo.” Y él se irá. En el mes de Agosto del año 1970 mi esposa y yo fuimos a Syracuse, Nueva York, a predicar en una Convención de Hombres de Negocios llenos del Espíritu Santo (Full Gospel Business Men), y a quedamos varias semanas para hablar en las sucursales de esa agrupación en el norte del estado de Nueva York. Recuerdo a tres señoras Metodistas quienes se nos acercaron después de uno de los cultos de la mañana, diciendo: “Nosotras somos nuevas en esto.” Una de las señoras me contó que sus médicos le habían mandado a un hospital en la ciudad de Nueva York porque no podían deter- minar la enfermedad que padecía. En el transcurso de cinco semanas los especialistas le dijeron que habían averiguado la enfermedad que padecía, pero que era in- curable. Ella nos dio el nombre de la enfermedad, de la cual yo nunca había oído. “En toda la historia de la ciencia médica co- nocemos unicamente de siete u ocho personas en el mundo que han padecido de lo mismo,” le dijeron los médicos. “No hay cura para ello. No sabemos exactamente cuánto tiempo vivirá V d., ésa dependerá del progreso de la enfermedad; pero sí sabemos que Vd. no vivirá más de 10 años.” Eso no es mucho tiempo para una madre de 36 años. Ella continuó, “Alguien me habló acerca de unas reuniones de sanidad maravillosas en Pittsburgh, de modo que fuí.” En la primera reunión en la que asistió, el Espíritu de Dios se movió en la Evangelista.  Ella señaló en la dirección donde la mujer estaba sentada y dijo: “Hay una señora por aquí que padece una enfermedad muy rara. Es más, la ciencia médica ha dicho que solamente siete u ocho personas la han tenido.” “Fui sanada instantáneamente”, nos infor- mó ella. “Volví a los especialistas; hicieron todas las pruebas de nuevo y no pudieron en- contrar nada. Me dijeron, ‘No lo entendemos, pero se ha ido.’ Y por meses nunca me había sentido mejor.” “Pero ahora”, élla nos dijo a mi esposa y a mí, “cada síntoma ha vuelto. Todavía no se lo he dicho a mi esposo, pero estoy peor de lo que jamás había estado. He vuelto a aquellas reu- niones, pero no he recibido nada. ¿Puede Ud. ayudarme?” “Sí, puedo”, le dije. “Verá, Vd. fue sanada por una manifestación especial iniciada por el Espíritu Santo en la vida de esa evangelista ~ y gracias a Dios por ello. Pero después, al volver a su casa y encontrarse bajo su propia cuenta, Satanás se aprovechó de lo que Ud. no sabía y empezó a ponerle los síntomas nuevamente. Y en lugar de resistirlos, Vd. los aceptó.” “¿Qué puedo hacer?”, preguntó. Le dije, “Simplemente acuda a estas reuniones de enseñanza Bíblica como las que venimos efectuando durante el curso de esta semana.” Así que ella y sus dos amígas comenzaron a seguírnos de ciudad a ciudad mientras hablábamos a las sucursales de los Hombres de Negocio del Evangelio Completo. Cuando nos estábamos preparando para de- jar esa región, ella dijo: “Hermano Hagin, estoy completamente sana. Todo síntoma ha desaparecido. Esta vez la obtuve con mi pro- pia fe, y sé cómo guardarla. Le diré otra cosa: también sé cómo salir y conseguir que otros sean sanados.” Lo que le sucedió a esta señora metodista les sucede a muchos. Es fácil recibir la sanidad en una reunión donde hay mucha gente ejer- citando su fe a la misma vez y todos están creyendo. Otros se sanan a través de manifestaciones especiales del Espíritu Santo – por los dones del Espíritu, dones de sanidades, etc. Sin embargo cuando estas personas regresan a sus hogares se encuentran solos, y ¡están por su propia cuenta! Ya no están rodeados de fe. Muchas veces les rodea la duda y la incredulidad. En el momento en que los primeros síntomas aparecen, dicen: “Yo creía que el Señor me había sanado, pero supongo que no fue así.” Al decir eso le abren la puerta al diablo. En lugar de levantarse y enfrentarse al diablo con la Palabra de Dios y ordenar que su poder sea roto, se dan por vencidos. ¿Por qué? Por no tener un buen fundamento de la Palabra de Dios en sus vidas. Están dependiendo en las oraciones y en la fe de otros. Eso puede obrar resultado temporalmente, pero una sanidad permanente será basada en su propia fe. Nadie puede retener una sanidad que ha venido como resultado de la fe de otro, dones del Espíritu, etc., a menos que su propia fe sea desarrollada por la Palabra de Dios hasta el punto en que él o ella puedan mantener sus propios derechos. Debemos aprender a decir: “Diablo, tu no puedes ponerme eso otra vez. El Señor me ha sanado. Yo no lo aceptaré otra vez.” Tenemos que aprender a ser firmes en la fe; a “mantener el circuito de fe abierto.” Sabemos que Dios usa a personas que están especialmente equipadas o dotadas por el Espíritu – gracias a Dios por ellos. Los dones de sanidad atraen a la gente. Pero de la misma manera que los nuevos convertidos necesitan ser establecidos en la Palabra si han de con- tinuar; las personas que son sanadas necesitan ser establecidas en la Palabra si han de permanecer sanas. Hace muchos años, mientras me encontraba pastoreando cierta iglesia del Evangelio Com- pleto en los campos de la parte Norte-Central del estado de Tejas, me dirigía a buscar la co- rrespondencia en el apartado de Correos, cuan- do vi a uno de mis miembros, al Hermano W., atendiendo a su vaca en uno de los solares vacíos lleno de hierba hasta las rodillas. Esto ocurrió en el año 1939. (En aquel entonces eso estaba permitido. N o teníamos tantos reglamentos municipales; sobre todo en los pueblos pequeños.) Al acercarme a él, estaba agachado y comen- zó a enderezarse, cuando de repente se agarró de la espalda con un gemido, “Ohhhh … ” Vi que no podía enderezarse, así que lo tomé y comencé a ayudarle. “¡Oh, no, no, no! [No me toque, Her- mano Hagin! ¡No me toque! Válgame, eso me pone peor”, dijo. Le costó cinco o diez minutos hasta poderse enderezar. Me dijo, ”’Aquel reumatismo viejo me ha vuelto.” Era un hombre de unos 63 años de edad. Había vivido 25 años apartado del Señor; pero en un culto que tuve en la iglesia hacía ocho meses había vuelto al Señor. Aquel día le había impuesto las manos, y había sido sanado. Le dije, “Hermano W., ¿qué ha pasado?” “Bueno, antes de ayer, estaba ordeñando la vaca y el dolor me dio aquí mismo en esta mano, subió por el brazo y entró en la espalda. Desde entonces, cada vez que me agacho, no puedo enderezarme, la espalda no me funciona bien, ni tampoco el brazo. Paso mucho dolor y miseria.” Le dije, “Hermano W., sabe que yo oré por Ud. el pasado Enero y Ud. fue sanado,” “Pues sí”, contestó. Le dije, “Bueno, ¿cómo es que ha vuelto?” “No sé”, dijo él. Le respondí, “Le garantizo que cuando ese dolor le vino de nuevo a la mano y le subió por el brazo, Ud. se dijo así mismo – o tal vez en voz alta – “Yo creía que el Señor me había sanado; pero supongo que no fue así. ‘ “Me miró y dijo: “Ud. debe ser adivino o sabe leer la mente. Eso fue exactamente lo que dije.” “No he adivinado nada, ni he leído su mente”, le contesté. “Sabía que Vd. tenía que haberle abierto la puerta al diablo para que él pudiera volver a entrar, de lo contrario no podría haber vuelto.” Él dijo, “Eso fue exactamente lo que dije.” Le expliqué, “al decir eso, Vd. abrió la puerta y dijo, ‘entre de nuevo, Sr. Diablo y póngamelo encima otra vez’ – y él le complació.” “Pues si”, dijo, “pero le diré lo que creo: Yo creo que cuando Dios hace algo, está hecho. Si Dios sana a alguien, éste queda sano para siempre. ” Le dije, “¿Ud. quiere decir que si alguien es sanado, queda sano para siempre?” “Sí”, respondió. Le dije: “Pues bien, qué interesante. Jesús no lo sabía. Él no sabía que Ud. no podía perder su sanidad o las bendiciones de Dios. Cuando se le apareció a Juan en una visión en la isla de Patmos y le dio un mensaje para una de las igle- sias del Asia Menor, Él le dijo que “man- tuvieran” lo que habían recibido. ¿Por qué mantenerlo si no podían perderlo? Hay un enemigo en contra nuestra que va a hacer todo lo posible para robarle, si puede. ¡Por eso tenemos que mantener lo que recibimos! Dije: “Ahora voy a hacerle una pregunta: Cuando yo oré por Ud. y le impuse las manos en Enero, ¿cuánto tiempo hacía que Vd. estaba en esa condición?” Me contestó: “Estuve con dolor y tomando medicina contra el dolor todos los días durante 25 años.” Le dije: “Entonces, le impuse las manos en la cabeza en el Nombre de Jesús, todo el dolor desapareció y durante nueve meses no tuvo ni un dolor – ni un síntoma – y Ud. no ha tomado nada para el dolor.” “Absolutamente nada”, dijo él. “Y Ud. dijo, ‘Yo creía que el Señor me había sanado.’ Hermano W.”, le dije, “un niño de 12 años con la mitad de su capacidad mental sabría que Ud. había sido sanado.” Él dijo, “Quizás estoy equivocado.” Le dije, “Yo sé que Ud. está equivocado.” Me quedé en aquel solar vacío y le enseñé por más de una hora. Y él comprendió. Luego me dijo, “Puede ser que sea un poco denso, ¡pero cuando comprendo algo, lo retengo!” Esta vez recibió su sanidad, y la retuvo.

Capítulo 3 POR QUE ES LA FE IMPORTANTE

Durante el gran avivamiento de sanidad, los evangelistas celebraban reuniones cortas, y yo iba detrás de ellos con reuniones más largas. Cuando llegaba, con frecuencia encontraba quienes habían sido sanados en aquellas reunio- nes y que ya habían perdido su sanidad. Eso también sucedía en mis reuniones, pero apren- dí a cómo ayudarles a ser sanados y a retener su sanidad. En el año 1952, el evangelista de mayor celebridad sostuvo una reunión en el auditorio de una Escuela Secundaria en South Bend, Indiana. Yo acudí a varias de sus reuniones sen- tándome en una sección especial reservada para los predicadores. Uno de los hombres presentes era un pastor del Evangelio Completo en Florida. Por ser pastor, hubiera podido entrar en la fila de oración para sanidad en cualquier momento que deseara, pero ya que iba a estar allí durante varios días, obtuvo una tarjeta y esperó su turno. (Sin embargo un predicador podía entrar en la fila en cualquier momento; se les daba ese privilegio.) Este pastor llevaba un aparato auditivo, ya que sin él no podía oír. Llegó la noche en la que le tocó el turno a él. Se quitó el aparato auditivo y se lo puso en el bolsillo. Este pastor se puso en fila y sonrió al evangelista, quien le dijo: “Pues, vamos a ver qué le pasa a Vd.” Le impuso las manos y dijo: “Son sus oídos. Vd. es sordo.” Y los oídos del hombre se abrieron inmediatamente. El evangelista tenía una voz muy suave y baja. Se puso detrás de este pastor y habló en un susurro, y él lo repitió todo. Estaba perfecta- mente sano. Había empezado a volver a su asiento cuan- do el evangelista dijo: “Vd. es un pastor. Pastor. de una iglesia del Evangelio Completo en Florida.” (Lo supo por revelación de Dios.) El pastor volvió a la sección de predicadores. Hablamos con él. Lo podía oír todo, hasta cuan- do susurrábamos. Lo probamos. Estaba perfec- tamente sano. Sin embargo cuando la reunión llegó a término no podía oír nada, y se volvió a poner el aparato auditivo. ¿Por qué? Él había sido sanado a través de una manifestación de los dones de Dios, sin duda, pero si uno no tiene suficiente fe para retener lo que recibe, el diablo se lo va a robar. Esa es la razón por la cual cambié mi ministerio y me dediqué a enseñar más. Sí, yo podría hacer propaganda de mis visiones, llenar un auditorio, Y conseguir que se sanaran muchas personas – pero no retendrían su sanidad. Así que tuve reuniones más pequeñas donde podía enseñar a la gente diariamente, además de ministrar a los enfermos. Un evangelista reconocido, con quien mantengo una gran amistad me contó el siguiente incidente: Hace muchos años – en los 40, al comienzo del ministerio de sanidad de su hermano – estaban celebrando un encuentro, cuando hubo una llamada telefónica. Uno de los miembros de la iglesia, un comerciante con un historial de problemas cardiacos, había tenido un ataque del corazón en su hogar. La esposa de este hombre llamó al pastor y dijo: “Si lo movemos, morirá, pero si no lo movemos, no recobrará el conocimiento y morirá aquí en el suelo del dormitorio.” Así que el pastor y el evangelista se fueron a su casa con toda prisa. Le impusieron las manos e inmediatamente se levantó bien. Él se había estado vistiendo, de modo que se fue a poner la bata y se calzó, bajó las escaleras y se sentó a conversar un rato con ellos en la sala. Por fin el pastor y el evangelista se ex- cusaron, y el hombre dijo: “Me voy a vestir y me iré a trabajar.” La esposa le dijo al evangelista: “Los acom- paño afuera,” cerró la puerta, caminó con ellos hasta la entrada del frente, dio la vuelta para asegurarse de que su esposo no la oyera, y dijo: “Sigan orando por él.” El evangelista dijo, “¿por qué?” “Oh,” dijo ella, “el diablo volverá y le pondrá otro ataque de corazón.” El evangelista dijo, “Hermana, ¿Vd. sabe cuál es su problema?” Ella dijo, “¿cuál?” Él le contesto: “: Vd. tiene más fe en el diablo que en Dios! Parada aquí mismo me acaba de decir lo que el diablo hará. Vd. cree que él lo va a hacer. Vd. cree que él tiene la autoridad y el poder para volver y ponerle otro ataque a su esposo y tratar de matarle. ¿Por qué no dice, el diablo no puede hacerlo.’ ”  “¡Ay!”, susurró ella, “¡yo no diría tal cosa por nada del mundo!” “¿Por qué no?” “No sabe que el diablo me oiría al decirlo?” Tantos cristianos del Evangelio Completo creen más en el diablo que en Dios. ¡Tenga más fe en Dios que en el diablo! Permanezca en Su Palabra. La Palabra de Dios es verdad. Como dijo F. F. Bosworth: “Crea sus creencias y dude sus dudas.” Sí, el diablo tratará de ponerle cosas encima otra vez. Pero si la Palabra de Dios ha sido edificada en su espíritu – si Ud. ha meditado en ella el tiempo suficiente, se ha nutrido de ella, y la ha puesto en su espíritu hasta saber que se ha hecho parte de su conciencia interior – V d. puede poner al diablo a huir en cada oca- sión. Si viene la tentación – el dolor – en lugar de tener miedo y pánico, Ud., comenzará a reírse. Capítulo 4 COMO RESISTIR AL DIABLO Hace unos años estaba celebrando una reu- nión para cierto amigo, cuando me desperté a la 1:30 de la mañana con síntomas alarmantes en mi cuerpo. (Los reconocí ya que yo había nacido con un corazón deformado y por esa razón había tenido que guardar cama. Los doc- tores habían dicho que moriría en cualquier momento, pero fui sanado por el poder de Dios cuando tenía 17 años.) Estos severos síntomas estaban en la región del corazón y del pecho. El diablo me dijo en la mente, “A-ja, te vas a morir. Eso es exactamente lo que te va a suceder. Tu sólo has tenido suerte hasta ahora. ¿Te acuerdas de lo que dijeron los médicos?” (Eso suena como él, ¿no es así?) “Esta vez no vas a recibir tu sanidad,” con- tinuó repitiendo como una voz en mi mente. “Ahora todo te ha vuelto y te vas a morir. De hecho, te estás muriendo ahora mismo.” Alguien me preguntó, ¿y qué hizo Ud.?” Pues bien, eso ocurrió durante el invierno, así que me tapé hasta la cabeza con las cubier- tas y comencé a reírme. Hay una risa inspirada por el Espíritu Santo con la cual uno no puede dejar de reírse, pero ésta la forcé yo mismo. Me obligué a mí mismo a hacerlo. Cubrí mi cabeza (porque no quería despertar a las otras personas en la casa) y me reí en voz alta. Me parece que reí por alrededor de 10 minutos. Por fin el diablo dijo, “¿de qué te ríes?” Le contesté, “me río de ti.” (A él, al igual que a cualquiera no le gusta que se rían de él.) Respondí, “Me río de ti porque has dicho que no me voy a sanar.” “Correcto. Correcto. Esta es una vez en la que no te vas a sanar.” Le dije, “ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja.’ (Forzaba la risa.) Seguí y seguí riéndome. Finalmente por tercera vez el diablo dijo, “¿de qué te ríes?” Le contesté, “Ya te lo he dicho, y te lo diré otra vez. Me estoy riendo de ti.” “¿De qué te estás riendo de mí?” “De que dijiste que no voy a obtener mi sanidad.” “Correcto. Esta vez no vas a obtener tu sanidad.” Yo respondí, “Ja, ja, ja, Sr. Diablo, claro que no voy a obtenerla. ¿Para qué necesito obtenerla? ¡Jesús la obtuvo por mí! Yo no necesito obtenerla. Lo único que debo hacer es aceptarla. “Ahora, en caso de que no sepas leer,” dije, “te voy a citar Primera de Pedro 2:24 donde dice, ‘Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida FUISTEIS sanados. ‘ “Si fuimos sanados, entonces yo fui sanado. De modo que no tengo que obtenerla; Jesús ya la obtuvo por mí, y ya que Él la obtuvo para mí, yo la acepto, la reclamo y la tengo. Ahora recoge tus pequeños síntomas y vete de aquí.” Ud. nunca ha visto a nadie en toda su vida recoger sus cosas y marcharse tan rápidamente. La Biblia dice, ”Resistir al diablo y huirá de vosotros.” (Santiago 4:7). No sé qué es lo que están esperando algunas personas para empezar a resistir. Tal vez están esperando a que aparezca alguien con cuernos largos, rabo largo, pies de chivo y una horquilla. Amigos, resistan cualquier cosa que sea del diablo, y estarán resistiendo al diablo. Cuando la duda venga, diga, “Duda, te resisto. Rehúso dudar.” Cuando el temor venga, háblele, diga, “Temor, te resisto. rehúso temer.” Cuando la enfermedad venga, háblele, diga, “Enfermedad, yo rehúso estar enfermo. Rehúso la enfermedad. Te resisto en el Nombre de Jesús. Tienes que irte.” y se irá. Ud. tiene ese derecho. En una iglesia del Evangelio Completo en uno de nuestros estados del Oeste, había un hombre que nació con un pie deforme y con una pierna unas cuatro pulgadas más corta que la otra. No podía andar sin muletas debido a su condición. Su pierna deforme no era del mismo tamaño que la otra; no había crecido nor- malmente. Pero en un culto de sanidad en la iglesia, fue sanado. Su pierna coja creció a la misma longitud de la otra, y su pie deforme se enderezó. A los 37 años de edad este hombre por primera vez en su vida pudo usar zapatos de igual tamaño. Seis semanas después de que se terminó mi reunión, el pastor estaba recibiendo peticiones de oración un miércoles por la noche. Una señora se levantó y dijo, “Pastor, yo fui sanada durante las reuniones del Hermano Hagin, y he estado bien durante seis semanas. Pero todos mis síntomas han vuelto, y estoy peor que nunca. Quiero que todos Uds. oren por mí.” Sin pensar, el pastor accedió. Entonces, este hombre que había sido sanado del pie deforme y la pierna corta se levantó y dijo, “Pastor, ¿podría decir unas palabras? Creo que ayudarán a esta hermana. “Todos Uds. me conocen. Nací cojo y he sido salvo y lleno del Espíritu Santo por varios años. Yo también fui sanado en la reunión del Hermano Hagin. Uds. saben que estoy completa- mente sano. “Esta semana pasada estaba caminando por la calle Principal cuando de repente un dolor me dio en el tobillo y el pie que fue sanado se dobló para adentro. Casi me caí. De hecho, si no hubiera sido por apoyarme en la pared de una tienda, me hubiera caído. El pie se dobló para adentro con tanto dolor que apenas pude soportarlo. Sencillamente me recosté en la pared y me senté en la acera. N o sé lo que pensó la gente, porque cogí mi tobillo y mi pie en mis manos y grité fuertemente: ¡No!. ¡No lo vas a hacer, Sr. Diablo! ¡No me vas a poner eso otra vez! ¡Dios me sanó! Y cada síntoma se fue. He estado bien desde entonces.” Él retuvo su sanidad. Aunque la iglesia oró, la mujer perdió la suya. ¿Por qué? Porque bajo esas condiciones la oración ¡Muchas veces uno pierde con el orar! ¡Uno pierde con entregar peticiones de oración! Eso puede extrañarle, pero lo que está haciendo es confesar: “No lo tengo.” El año pasado estábamos en Greensboro, Carolina del Norte. Una señora dijo, “Hermano Hagin, cuando Ud. estuvo aquí hace dos años fui sanada de asma y de complicaciones respiratorias. Había estado bajo el cuidado de especialistas por años y gasté miles de dólares. “Durante 18 meses completos nunca tuve otro síntoma. Luego, hace seis meses todo síntoma de asma y de las complicaciones respiratorias me volvió. Casi caí en las manos del diablo al aceptarlo; pero persistí en mi empeño para resistirle. Dije, “¡No, tú no puedes ponérmelo otra vez!” Gracias a Dios había oído sus enseñanzas. Vine cada día y cada noche mientras Vd. estuvo aquí. “Mi esposo finalmente insistió en que fuera a hacerme un examen médico. Fui, y el doctor me dijo, ‘No lo entiendo. Ud. tiene los síntomas pero no tiene el asma. Todo examen que hicimos salió negativo.” Ella dijo, “Hablé claramente y dije, ‘Eso es el diablo mentiroso, trayendo síntomas mentirosos, tratando de ponérmelos otra vez.” “Bueno,” dijo el doctor, “sea lo que sea, Ud. no lo tiene.” Ella continuó, “Me puse en contra de los sín- tomas y desaparecieron. No habría sabido cómo hacerlo si no hubiera oído sus enseñanzas.” (Si los hubiera aceptado, se habría enfermado nuevamente.) No sé por qué los cristianos no se levantan en contra del diablo y de todo lo que es del diablo. La enfermedad no es de Dios. La enfermedad no viene del Cielo. La enfermedad no es una bendición. Yo no voy a aceptar nada que no venga del Cielo. Sé que la enfermedad no viene del Cielo, porque allá no hay enfermedad. Alguien dijo de su enfermedad, “Dios me la dio.” Bueno, si lo hizo, tuvo que robarla primero. ¡En el Cielo no hay enfermedad! Para darle una enfermedad, Dios tendría que habérsela robado al diablo. ¿Se da cuenta de esa ridiculez? No, Dios no puso esa enfermedad en Ud. – el diablo lo hizo. Luego, él le mintió y le hizo creer que fue Dios quien se la puso, y Ud. fue lo suficientemente fácil de engañar como para creérselo. El repetir la siguiente confesión – poníéndola en su espíritu – le ayudará a recibir su sanidad y a retenerla:

Confesión:

En el Nombre del Señor Jesucristo, ejerzo autoridad sobre mi cuerpo. Enfermedades y dolencias, rehúso el permitiros que permanezcáis en mí. Este cuerpo, esta casa, le pertenece a Dios. Es un templo de Dios. Satanás, tú no tienes derecho’ a traspasar la propiedad de Dios. Ahora, vete. Vete de mi cuerpo. Tengo autoridad sobre ti. Yo lo sé, Tú lo sabes, y Dios lo sabe.

libro

Cómo Retener Su Sanidad – Kenneth Hagin Ministries

Copyright © l’983 RHEMA Bible Church AKA Kenneth Hagin Ministríes, Inc. All Rights Reserved Printed in USA English Title: How To Keep Your Healing Cómo Retener Su Sanidad Por Kenneth E. Hagin Capítulo 1 COMO SER SANADO In the U.S. write: Kenneth Hagin Ministries P.O. Box50126 Tulsa, Oklahoma 74150 In Canada write: Kenneth Hagin Ministries P.O. Box 335 Islington (Toronto), Ontario Canada, M9A 4X3

SHARE