El reino no se obedece, se vive.

El reino no se obedece, se vive.

Autor: Pastor Fernando Bascones

Todos lo sabemos, y esta verdad va más allá de la ocupación que ejerzamos, el puesto que ocupemos, o el lugar que nos dan en la sociedad: lo importante que es la manera de pensar en la vida de una persona.

Nuestra creencia no solo reconoce, proyecta los valores y da a luz nuestras ideas, sino también se proyecta y crea el mundo donde vivimos. «El mundo es lo que nosotros pensamos», por eso todos tenemos diferentes perspectivas frente a un mismo hecho.

Ahora, lo que hoy abrazamos como pensamientos propios, no se produjeron en nuestra gestación, sino que fueron establecidos con el paso del tiempo, formados por un entorno donde absorbimos lo que hoy creemos como verdad.

Muchos de nosotros tenemos el privilegio de influenciar al entorno que nos rodea; hablamos de familias, amigos, compañeros de trabajo, vecinos, es decir, nuestras vidas han trascendido para ser un modelo aceptado y formativo para el resto.

Está claro que, desde ese lugar, es vital entender el cuidado y responsabilidad que debemos tener al momento de expresarnos o actuar, ya que somos personas públicas que inspiran a la acción.

Siendo Cristo el máximo exponente en liderazgo y modelo de la verdad, podemos ver que su legado tuvo una repercusión generacional, al punto que hoy su verdad está viva en nosotros.

Jesús no solo apuntó a que escuchen y valoren su mensaje, sino también que escuchen y valoren a cada persona. Para esto se necesitaría una transformación cultural. No todas las culturas son propicias para desarrollar el descubrimiento personal y la creencia verdadera de nosotros mismos.

Su único mensaje al pueblo judío fue «reino», es decir, él enfatizó la importancia de abandonar un sistema de obediencia y calificación para empezar a vivir el reino de los cielos. No podemos vivir nuestra identidad y la abundancia del reino con una mentalidad de obediencia.

Por eso, hoy quiero ejemplificar la diferencia entre «vivir bajo un sistema de obediencia» y «manifestar el reino»; para esto, tomaremos como referencia bíblica la vida de uno de sus discípulos: Pedro, el pescador.

Pedro, al igual que los demás, funcionaba bajo un sistema religioso basado en la obediencia y el cumplimiento doctrinal. Desechado del sacerdocio por falta de aptitud, y por consecuencia, destinado a vivir «lo que había», se vio obligado a toma las riendas del negocio familiar, limitándose a cumplir con los rituales religiosos «para» santificar su vida, prosperar su negocio y ser bien visto como un practicante fiel.

Para el sistema, su destino era un «barco», el cual construyó con un conjunto de creencias religiosas, frustraciones y atado a la obediencia de liturgias religiosas para que todo vaya bien ante los ojos de Dios. «Su mundo estaba destinado al fracaso», su mentalidad estaba construida sobre un sistema reinventado y creado por el hombre donde era más importante obedecer que la persona misma; por eso le fue tan difícil entender y recibir a Jesús. Los pensamientos de ambos estaban en las antípodas, uno creía en el valor de las personas y el otro en el valor de la obediencia como método limpiador de pecados.

El sistema te frustra, destruye tu moral y te hace creer que necesitas algo o de alguien para ser exitoso; son normas que solo tratan desde afuera sin considerar lo que sucede en el interior de las personas. Esta mentalidad crea una cultura de control, dominio, donde hay buenos y malos, es decir, la gente que obedece es buena y la otra gente, por fallar, es mala. Bajo este régimen es imposible expresar una identidad, debido a que, desde pequeños, entramos a un camino de estructuras y ajustes para poder convertirnos en personas perfectas delante de los ojos imperfectos, los del sistema. La vida del reino no es así. Jesús se involucró en el mundo de Pedro, como cuentan las escrituras, entró en su barca, en «su mundo» para transformarlo de adentro hacia afuera, devolviendo no solo el amor propio, sino sentir el empoderamiento que todo hombre y mujer tiene cuando descubre su identidad en Cristo.

Al igual que muchos de nosotros, Pedro había construido «su barca» con pensamientos naturales, heredados, que solo sirven para seguir un modelo y obedecer, pero no para el desarrollo de una identidad verdadera, sin entender que el reino y su manifestación es por identidad, no por obras. Jesús no solo trajo el reino, sino que se lo reveló a Pedro y a cada uno de nosotros para que podamos manifestarlo.

La enseñanza y legado fue una gran pesca, donde las redes «límites naturales» se rompían, demostrando una gran manifestación del amor del Padre por sus hijos y el principio de una cultura donde los hombres y las mujeres no estarían bajo juicio, sino bajo el amor y la gracia de un Dios bueno. En línea a la instrucción del maestro y poniendo manos a la obra, los pescadores echaron las redes en su nombre.

Jesús estableció una cultura de confianza donde ellos podían ser exitosos, y la mejor manera de respaldar sus palabras era confiar en Pedro y los demás para hacer una gran pesca. Les ayudó a desechar los pensamientos limitantes y condenatorios que abundaban en sus vidas, revelando su identidad real y los llevó a la acción como portadores de la abundancia del Padre.

La transformación empieza cuando dejas que la revelación entre a tu vida para revelar tu verdadero ser. ¿Con qué materiales está hecha tu barca? ¿Cuáles son los pensamientos que hoy abundan en tu mundo?

Las redes vacías le hablaban cada día a Pedro, le hacían ver lo fracasado que era, lo limitado que estaba y cómo la frustración había ganado espacio en su interior.

¿Te hablan tus redes? ¿Te gustaría vivir diferente? La justificación no es una herramienta para la construcción de tu proposición. Te animo a que dejes atrás tu estructura de pensamientos y disfrutes la gracia y el amor del Padre. En ese perdón están los pensamientos que el Padre tiene acerca de ti para manifestar ese «ser» extraordinario que está en esta tierra para bendecir a miles.

Tal vez hoy, mañana o pronto, a partir de tu decisión, esas redes no griten más y no tengan influencia sobre tus decisiones.

Marcos 1:14-15 … «el reino se ha acercado», significa: cambia tu estructura de pensamientos, «creer que no eres lo que piensas, sino lo que Cristo dijo».

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