Viviendo una vida de perdón
Es una de las decisiones más importantes que debemos tomar a diario. Ya que perdonar no es una emoción, no es si sientes o no perdonar, no es justificar las faltas, sino que el perdón es una decisión que nace del amor de Dios en nosotros.
Perdonar está en nuestro ADN.
Cuando se nos revela que Dios nos perdonó primero, es fácil vivir una vida de perdón. Miremos lo que dice Efesios 4:32:
“Sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.”
Cuando no perdonamos, el resentimiento se convierte en una carga que afecta nuestro corazón. Por eso el perdón es un factor principal para guardar nuestro corazón. El perdón no siempre cambia a la otra persona, pero sí libera nuestra alma.
Colosenses 3:13:
“Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.”
Perdonar significa soltar la deuda que sentimos que alguien tiene con nosotros, significa que devolvemos la inocencia cuando perdonamos.
Los discípulos pensaban que el perdón tenía un límite, pero Jesús mostró que el perdón debe ser parte de nuestra naturaleza.
Mateo 18:21-22:
“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.”
Esto no significa contar las veces, sino vivir con un corazón dispuesto a perdonar siempre.
Un corazón que perdona permanece sensible al Espíritu Santo.
Cuando perdonamos: nuestro corazón sana, nuestra alma se libera y reflejamos el amor de Cristo. El perdón no cambia el pasado, pero sí transforma nuestro futuro.
Vivir una vida de perdón significa decidir perdonar de antemano. Antes que suceda algo, tú ya has decidido perdonar la falta. Eso es un amor maduro.
¿Estás dispuesto/a a vivir una vida de perdón?
Recuerda que está en tu esencia, en tu ADN, cómo Él es así eres tú.
Perdona.







